El
maltrato y el acoso en el ámbito escolar, es un problema que afecta a numerosos
menores desde hace siglos, pero ahora es un tema de actualidad debido a los suicidios
de varios menores provocados por el acoso escolar (Carla, Gijón 2014).
El
papel del educador social es imprescindible para tratar este tipo de conflictos, ya que es un profesional generador y reeducador de grupos. En estos conflictos el problema individual del
menor no nace de él, sino que le viene dado por el grupo en el que convive, son
problemas socioculturales con repercusión en el individuo, por ello no hay que
tratar con el individuo en concreto sino con el grupo, formarlo y conformarlo, para que reciba al menor en el momento de su incorporación. El educador adoptará
el perfil de mediador y reeducador social, mejorando así el clima educativo.
Será
también imprescindible por parte del educador social la prevención de estos
conflictos, para que no surjan de nuevo. Esta prevención se llevará a cabo a través
de la educación, dirigida a todos los miembros de la comunidad educativa ya que;
“Los profesores son la clave para el cambio, si se puede sensibilizar a
nuestros profesores sobre los efectos perjudiciales de los comportamientos de
intimidación, las futuras generaciones de niños y padres será a su
sensibilizada. El niño de hoy es el padre de mañana y con la adecuada formación
todos podremos conseguir una sociedad en la que el acoso escolar pase a ser una
excepción” (Menéndez, I. 2004).
En
algunas ocasiones son los propios profesores los que tienen comportamientos
inadecuados que propician el acoso escolar, infravalorando a los menores,
destacando sus errores, etc. por ello veo imprescindible realizar una formación
a los profesionales de la educación, para que aprendan el comportamiento que
deben optar en el aula, ya que los alumnos ven en ellos una referencia de actuación, y si el
profesor realiza comportamientos abusivos hacia un menor, el resto del grupo lo
reproducirá.
El
maltrato y acoso escolar es un conflicto muy difícil de gestionar debido al
secretismo de la victima por miedo a sufrir represalias mas graves, muchas
veces hasta que se descubre que un menor está siendo acosado o maltratado puede
llevar años sufriéndolo. De todos modos existen ciertos factores que nos
revelan si el menor está bajo el acoso o maltrato de algún o algunos
compañeros, indicadores como el absentismo escolar, bajada de calificaciones,
andan mirando al suelo, van con los hombros caídos, etc.
En
los centros educativos el acoso también se vive bajo el secretismo, ya que es un
indicador de fracaso del sistema educativo, ocultan el acoso y el maltrato, y
esto dificulta la labor del educador social.
El
maltrato y el acoso escolar es el mayor fracaso del sistema educativo ya que se
da en uno de cada cuatro alumnos, en total unos 500.000 menores lo sufren día
tras día. Es un problema que afecta al desarrollo personal y social normalizado
de los menores que se ven afectados, provoca un 39% de los problemas psicológicos,
pudiendo perdurar hasta la edad adulta. Estas escalofriantes cifran nos
muestran que las medidas que se han intentado aplicar para reducir el acoso y
maltrato en los centros educativos no se han adoptado bien.
Algunos
centros están trabajando con el programa de “Tutores entre iguales”, que
consiste en concienciar sobre el acoso, se le establece a los menores que
llegan de nuevo ingreso, un alumno que se encuentre en un nivel superior para
que pueda ayudarle y aconsejarle de cómo superar las situaciones conflictivas,
cuando los conflictos son leves intentan mediar entre ellos para hacer entender
que no es algo correcto y que no está bien visto.
Esta
alternativa me parece interesante pero no lo suficiente eficaz para erradicar
el problema, ya que la principal tarea que debería preocuparnos es eliminar
cualquier conducta agresiva entre los menores y para ello debemos de centrarnos
en los entornos próximos de los menores, pero no de las victimas sino de los
agresores, y corregir desde dentro las conductas agresivas, intervención familiar,
grupal y en la comunidad educativa son los principales pasos que debemos
realizar, para eliminar de forma permanente el acoso y maltrato, para que no
vuelvan a reproducirse roles familiares, entre pares…
Desde
el punto de vista familiar debemos fomentar la parentalidad positiva, que
los padres sean un apoyo en caso de conflictos y sean un buen reflejo para
el comportamiento de los menores, no presentar conductas agresivas delante suya
con otros miembros de la familia y no aplicar castigos físicos, en ningún
caso, ya que pueden adoptarlo como modelo y reproducirlo en otros ámbitos de
sus vidas, asunción y reproducción de roles, debemos cambiar el castigo físico por
refuerzos negativos o por positivos, gestionando los conflictos de manera
positiva.
Otra
alternativa para aplicar en los centros educativos es la educación emocional
inteligente, tanto para alumnos como para
profesionales del centro, tenemos que reivindicar su institucionalización para
poder aplicarla y así conseguir eliminar el acoso, mejorar la empatía y los
sentimientos positivos, sin la educación emocional positiva el resto de
conocimientos caerán y no servirán para nada, ya que no sabremos afrontar
situaciones conflictivas ni gestionar de forma adecuada nuestras emociones.
Dentro
de los diferentes tipos de acoso, verbal, físico, psicológico, sexual, etc.
podemos encontrar un nuevo tipo de acoso el ciberbulling, que consiste en el
acoso a través de las redes sociales, es una ámbito que como educadores hay que
prestar especial atención, ya que las tecnologías de la información están en
auge, y debemos educar a los jóvenes para que realicen un buen uso de ellas. Entre las prevenciones para el ciberbulling, la más importante, es que el menor
debe acceder siempre a Internet en territorios públicos, nunca encerrados en
sus cuartos, han de estar controlados, aunque la solución no está
en la prohibición del uso de las nuevas tecnologías sino en la educación para
su buen uso.
No
debemos olvidar que los menores tienen unas actitudes y lenguaje un poco “faltón”,
no debemos confundir conductas y pasar a la sobreprotección de los menores,
debemos dejarles que se relacionen como siempre lo hacen pero sin permitir
llegar al acoso o maltrato escolar.
Por
último quiero recalcar que cuando un menor sufre acoso escolar nunca debe ser
expulsado o cambiado de centro, ya que esto hace que acepte y asimile que es el
culpable, no solo él, sino toda la comunidad educativa, en cambio si el que cambia de centro es el agresor, la visión que tendrían los
menores del maltrato y el acoso escolar cambiaría, viéndolo como algo
negativo.