lunes, 8 de diciembre de 2014

Ser educador social frente el maltrato y el acoso a los menores.

El maltrato y el acoso en el ámbito escolar, es un problema que afecta a numerosos menores desde hace siglos, pero ahora es un tema de actualidad debido a los suicidios de varios menores provocados por el acoso escolar (Carla, Gijón 2014).
El papel del educador social es imprescindible para tratar este tipo de conflictos, ya que es un profesional generador y reeducador de grupos. En  estos conflictos el problema individual del menor no nace de él, sino que le viene dado por el grupo en el que convive, son problemas socioculturales con repercusión en el individuo, por ello no hay que tratar con el individuo en concreto sino con el grupo, formarlo y conformarlo, para que reciba al menor en el momento de su incorporación. El educador adoptará el perfil de mediador y reeducador social, mejorando así el clima educativo.
Será también imprescindible por parte del educador social la prevención de estos conflictos, para que no surjan de nuevo. Esta prevención se llevará a cabo a través de la educación, dirigida a todos los miembros de la comunidad educativa ya que; “Los profesores son la clave para el cambio, si se puede sensibilizar a nuestros profesores sobre los efectos perjudiciales de los comportamientos de intimidación, las futuras generaciones de niños y padres será a su sensibilizada. El niño de hoy es el padre de mañana y con la adecuada formación todos podremos conseguir una sociedad en la que el acoso escolar pase a ser una excepción” (Menéndez, I. 2004).
En algunas ocasiones son los propios profesores los que tienen comportamientos inadecuados que propician el acoso escolar, infravalorando a los menores, destacando sus errores, etc. por ello veo imprescindible realizar una formación a los profesionales de la educación, para que aprendan el comportamiento que deben optar en el aula, ya que los alumnos ven en ellos una referencia de actuación, y si el profesor realiza comportamientos abusivos hacia un menor, el resto del grupo lo reproducirá.
El maltrato y acoso escolar es un conflicto muy difícil de gestionar debido al secretismo de la victima por miedo a sufrir represalias mas graves, muchas veces hasta que se descubre que un menor está siendo acosado o maltratado puede llevar años sufriéndolo. De todos modos existen ciertos factores que nos revelan si el menor está bajo el acoso o maltrato de algún o algunos compañeros, indicadores como el absentismo escolar, bajada de calificaciones, andan mirando al suelo, van con los hombros caídos, etc.
En los centros educativos el acoso también se vive bajo el secretismo, ya que es un indicador de fracaso del sistema educativo, ocultan el acoso y el maltrato, y esto dificulta la labor del educador social.
El maltrato y el acoso escolar es el mayor fracaso del sistema educativo ya que se da en uno de cada cuatro alumnos, en total unos 500.000 menores lo sufren día tras día. Es un problema que afecta al desarrollo personal y social normalizado de los menores que se ven afectados, provoca un 39% de los problemas psicológicos, pudiendo perdurar hasta la edad adulta. Estas escalofriantes cifran nos muestran que las medidas que se han intentado aplicar para reducir el acoso y maltrato en los centros educativos no se han adoptado bien.
Algunos centros están trabajando con el programa de “Tutores entre iguales”, que consiste en concienciar sobre el acoso, se le establece a los menores que llegan de nuevo ingreso, un alumno que se encuentre en un nivel superior para que pueda ayudarle y aconsejarle de cómo superar las situaciones conflictivas, cuando los conflictos son leves intentan mediar entre ellos para hacer entender que no es algo correcto y que no está bien visto.
Esta alternativa me parece interesante pero no lo suficiente eficaz para erradicar el problema, ya que la principal tarea que debería preocuparnos es eliminar cualquier conducta agresiva entre los menores y para ello debemos de centrarnos en los entornos próximos de los menores, pero no de las victimas sino de los agresores, y corregir desde dentro las conductas agresivas, intervención familiar, grupal y en la comunidad educativa son los principales pasos que debemos realizar, para eliminar de forma permanente el acoso y maltrato, para que no vuelvan a reproducirse roles familiares, entre pares…
Desde el punto de vista familiar debemos fomentar la parentalidad positiva, que los padres sean un apoyo en caso de conflictos y sean un buen reflejo para el comportamiento de los menores, no presentar conductas agresivas delante suya con otros miembros de la familia y no aplicar castigos físicos, en ningún caso, ya que pueden adoptarlo como modelo y reproducirlo en otros ámbitos de sus vidas, asunción y reproducción de roles, debemos cambiar el castigo físico por refuerzos negativos o por positivos, gestionando los conflictos de manera positiva.
Otra alternativa para aplicar en los centros educativos es la educación emocional inteligente, tanto para alumnos como para profesionales del centro, tenemos que reivindicar su institucionalización para poder aplicarla y así conseguir eliminar el acoso, mejorar la empatía y los sentimientos positivos, sin la educación emocional positiva el resto de conocimientos caerán y no servirán para nada, ya que no sabremos afrontar situaciones conflictivas ni gestionar de forma adecuada nuestras emociones.
Dentro de los diferentes tipos de acoso, verbal, físico, psicológico, sexual, etc. podemos encontrar un nuevo tipo de acoso el ciberbulling, que consiste en el acoso a través de las redes sociales, es una ámbito que como educadores hay que prestar especial atención, ya que las tecnologías de la información están en auge, y debemos educar a los jóvenes para que realicen un buen uso de ellas. Entre las prevenciones para el ciberbulling, la más importante, es que el menor debe acceder siempre a Internet en territorios públicos, nunca encerrados en sus cuartos, han de estar controlados, aunque la solución no está en la prohibición del uso de las nuevas tecnologías sino en la educación para su buen uso.
No debemos olvidar que los menores tienen unas actitudes y lenguaje un poco “faltón”, no debemos confundir conductas y pasar a la sobreprotección de los menores, debemos dejarles que se relacionen como siempre lo hacen pero sin permitir llegar al acoso o maltrato escolar.
Por último quiero recalcar que cuando un menor sufre acoso escolar nunca debe ser expulsado o cambiado de centro, ya que esto hace que acepte y asimile que es el culpable, no solo él, sino toda la comunidad educativa, en cambio si el que cambia de centro es el agresor, la visión que tendrían los menores del maltrato y el acoso escolar cambiaría, viéndolo como algo negativo.

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